Domingo, 13 de enero de 2008
NOTA; quiero agradecer a Ide tetsu, Joven Halcon, Marguerite, Asten y a Dark Gnoll que se incorpora para el capitulo dos y que ha recopilado esto en un solo documento.
Sin la idea de Ide y el trabajo de todos esto no seria posible








Alz? la vista y la lluvia le golpe? el rostro, las heladas gotas se clavaban como agujas. Las torres de la ciudad se ergu?an cerca amenazando con desplomarse sobre su cabeza cuando trataba de divisarlas en toda su altura. La sensaci?n de v?rtigo se hizo tan fuerte que tuvo que bajar la cabeza. El agua se colaba por su cuello y mascull? una queja al notar el fr?o de modo que se peg? al muro buscando la protecci?n del edificio, pero nada hab?a que hacer, la lluvia azotada por el viento creciente ven?a de todas direcciones, le golpeaba la cara y pronto su ropa estar?a completamente empapada, cal?ndole hasta los huesos si se quedaba al descubierto.

Sigui? caminando sorteando los charcos m?s evidentes del empedrado de la ciudad con un caracter?stico sonido irregular que descubr?a tener su causa en una leve cojera que le daba a su paso un reconocible tono. Dobl? diversas calles sin mirar ni una sola de las placas que indicaban el nombre de los lugares que recorr?a ni tan siquiera cuando estos estaban iluminados por alguno de los escasos faroles que permanec?an encendidos, por puro azar, en aquella tormenta en ciernes.

Cuando toc? a la puerta de su destino estaba empapado de pies a cabeza, tosi? y escupi? agua mientras golpeaba la puerta con el pu?o, tres veces, con fuerza. Esper? unos instantes antes de golpear una vez m?s, Espero de nuevo y maldijo otra vez. Golpeo una, dos y? la puerta cruji? cuando alguien al otro lado tir? de ella para moverla. R?pidamente se apoy? sobre la recia puerta de madera y comenz? a empujar, aunque sus pies resbalaban sobre la piedra empapada del suelo. Apret? los dientes y empuj? hasta que con un sonido chirriante se deslizo hacia dentro. A medida que se abr?a del interior se derramaba una luz espesa y amarilla que le llen? de calidez. Cuando el espacio fue suficiente para dejarle pasar se col? dentro a toda prisa y apoyando la espalda contra la puerta comenz? a empujar de nuevo para cerrarla, el agua se colaba ya por la abertura y empapaba el suelo al otro lado. Solo cuando con un estampido la puerta estuvo cerrada se detuvo a contemplar el lugar y a quien estaba a su lado. La estancia era solo un poco m?s ancha que la puerta y un pasillo se extend?a unos seis metros antes de doblar a la izquierda en una repisa de madera gris descansaba una l?mpara de aceite que era la responsable de iluminar aquel lugar? la luz que le hab?a parecido tan c?lida en el exterior no era un alivio ahora para el fr?o que le hac?a tiritar.

Una muchacha menuda y delgada recobraba el aliento a?n apoyada en la puerta. Sus peque?as manos estaban enrojecidas por el esfuerzo de haber tirado de la argolla de hierro del port?n y a pesar del ambiente fresco del lugar el sudor le recorr?a el rostro. Este era redondo y suave, rasgos sencillos y f?ciles de olvidar de no ser por unos penetrantes ojos verdes. La chiquilla se atus? el revuelto pelo negro sin mucho ?xito, sus rizos espesos estaban encrespados y r?pidamente desisti? de lograr una presencia aceptable. Vest?a ropas de muchacho, de caballerizo quiz?s, pero jam?s podr?a hacer creer a nadie que era un chico, por muy joven que fuese, sus formas ya resultaban evidentes para eso.

-No podremos salir hoy ?declar? mientras se hac?a cargo del farol.

La chica que estaba a?n ocupado recobrando el aliento fij? su penetrante mirada en los ojos grises del hombre que por un instante sinti? deseos de apartar la vista de la chica. Carraspe? y se oblig? a seguir hablando para evitar que le mirase de ese modo mucho tiempo. Hab?a algo en ella que siempre le pon?a nervioso.

-La tormenta es muy fuerte, las puertas estar?n cerradas hasta que no amaine y eso en esta ?poca y en el peor de los casos podr?a llevar varios d?as.

La muchacha separ? los labios rosados para decir algo pero volvi? a apretarlos en un moh?n de disgusto y no dijo nada, en cambio dirigi? su mirada a la pierna del hombre y elev? una pregunta silenciosa con su expresiva mirada esmeralda.

-Est? bien? no me duele demasiado ahora.

Evitando seguir la conversaci?n tom? el farol de la repisa y comenz? a avanzar por el pasillo, la chica que no esperaba el movimiento necesit? un instante para seguirle y ahogando una exclamaci?n de sorpresa aceler? el paso tras ?l, a pesar de su cojera las largas zancadas del hombre eran dif?ciles de seguir para la muchacha que no se acercaba siquiera a los cinco pies de estatura. Quiz?s por el dolor o porque no deseaba hacer correr a la muchacha tras ?l el hombre hab?a retenido su brioso paso y pronto caminaron juntos por el pasillo.
El pasillo estaba iluminado mortecinamente por una sola l?mpara, arrojando sombras sobre las dos ?nicas puertas del corredor, el cual acababa ante una cortina que separaba una tercera habitaci?n ? una cocina, a tenor del brasero y algunos pucheros y ollas que se adivinaban m?s que ve?an a trav?s de la cortina -. El hombre mir? expresivamente a la ni?a, que sigui? hasta el final y comenz? a llenar una jofaina con agua caliente. Mientras ?l inspir?, como cogiendo fuerzas antes de entrar en la habitaci?n de la derecha. El farol de su mano fue rechazando la oscuridad en la que se encontraba el cuarto.

-Dorian? - una voz suave, en un quejido, gimi?. El mencionado dej? la luz sobre el suelo y se arrodill? frente al lecho, nervioso y expectante. Una mujer de aproximadamente su misma edad yac?a, inconsciente. La palidez de su piel no se deb?a tan s?lo a su naturaleza ? su cabellera pelirroja se esparc?a por toda la almohada ? sino que unas gotas de sudor fr?o que perlaban su frente indicaban alg?n tipo de fiebre. Dorian acarici? una de las manos de la ex?nime, de manera ausente. Rememor? por un instante el terror que hab?a sentido cuando el virote de la ballesta se hab?a alojado profundamente en el abdomen de ella, c?mo hab?a despachado a los dos asesinos y hab?a cargado con ella hasta la ciudad, hac?a ya varios d?as.


Asesinos? habr?a pensado que eran simples bandoleros, pero no ten?an nada de valor encima, al menos de manera aparente. Ning?n bandido se habr?a molestado en una presa tan poco satisfactoria. Uno de los guardias de las puertas, por unas pocas monedas, hab?a extra?do el proyectil, por lo visto acostumbrado a tratar heridas menores, pero aun as? Dorian hubiese preferido llevarla a un m?dico. No obstante, si les estaban buscando no pod?an exponerse a salir. Bastante le hab?a costado llegar hasta las puertas sin llamar demasiado la atenci?n, buscando una se?al de que el lugar estaba vigilado.


Los pasos quedos de la ni?a le sacaron de su enso?aci?n. Despej? unos trapos manchados de sangre de una mesilla cercana para que la joven apoyara la jofaina con agua caliente, que cog?a con la punta de los dedos del extremo, intentando no quemarse. Acto seguido retir? la manta que cubr?a a la mujer, retir? la compresa sobre el est?mago y comenz? a limpiar la herida. Un sentimiento de culpa y angustia golpe? al hombre, que balbuce? una disculpa.


-Lo siento, no s? d?nde puede haber templos aqu?. S?lo llegu? hasta las puertas y volv? - la disculpa muri? en su boca, cuando la joven se gir?, mir?ndole unos momentos. Se dio la vuelta antes de responder.


-No es culpa tuya: la abuela ya nos avis? de que esto podr?a pasar. Y si ella no hubiese querido que vini?semos ? una sonrisa aflor? en los labios de la muchacha ? te habr?as marchado de vac?o del templo.


Dorian no respondi?: le costaba ver a una alta sacerdotisa como la ?abuela? que con tan poca reverencia mencionaba la ni?a. Cab?a la posibilidad de que ni siquiera fuese en realidad su abuela, sino que m?s bien la llamaba as? por su avanzada edad. ?Cu?ntos a?os tendr?a? Aquella pregunta hab?a martilleado su mente a lo largo del viaje. No aparentaba m?s all? de los cincuenta, aunque los dioses sol?an mostrarse bastante agradables con los servidores que hac?an bien su trabajo: y ella lo hab?a hecho de manera excelente, consiguiendo que casi toda la nobleza de la regi?n pasara a seguir su religi?n ? m?s bien, la de su diosa -.


La primera noche que hab?a llegado al templo, har?a cosa de un mes, la hab?a visto con un vestido de noche que la hac?a parecer m?s una mujer de la alta nobleza que una sacerdotisa? pero es que la iglesia ten?a que plegarse a las exigencias mundanas como son las recaudaciones de donaciones y la socializaci?n en fiestas, algo que costaba de creer a los ne?fitos. Le hab?an tenido tres d?as de espera, que se hab?an hecho eternos, y tres m?s para que meditaran la decisi?n, hasta que recibi? la respuesta afirmativa?

La mujer se quej? cuando la ni?a presion? en demas?a en la zona herida, lo que provoc? que ?sta diera un respingo y la tela con la que limpiaba cay? al suelo. Dorian le tendi? otra al tiempo que contemplaba que el agua caliente de la jofaina hab?a enrojecido, pero menos que otras veces. Se iba cerrando, con lentitud mas la fase cr?tica hab?a pasado. De haber atravesado el est?mago o alg?n ?rgano vital estar?a agonizando. La sangre le hizo recordar que ?l tambi?n estaba herido, un rasgu?o en la pierna que hab?a vendado con poca pericia, y que antes o despu?s deber?a mirarse: ser?a poco sabio ser un protector incapaz de protegerse a s? mismo, y m?s ahora con una doble carga. Se acercaba cuando la ni?a, como si le hubiera le?do el pensamiento, musit? una sola palabra:


-Vivir?


?l se limit? a asentir en profundo y pesado silencio mientras abr?a la puerta de la habitaci?n.
Dorian se dirigi? hacia su catre, todav?a calado hasta los huesos. La ni?a le tendi? ropa seca que hab?a encontrado en la casa abandonada, no eran de buen algod?n y estaban ra?das pero al menos evitar?an que cogiera una pulmon?a.

Consciente de que no pod?a dejar a la mujer y a la ni?a solas y a su suerte, se desnud? lentamente ante la mirada curiosa de la ni?a que se sonroj? y decidi? marcharse a la cocina; la herida quemaba como fuego ardiente y emiti? un quejido mientras apretaba los dientes para no gritar... la venda se hab?a pegado dolorosamente a la sangre de la herida.

-Karin... tr?eme agua... ?musit? con voz queda-.

La ni?a apareci? a los pocos minutos con la misma jofaina con la que hab?an limpiado a la mujer pero con agua nueva, dej?ndola al lado de Dorian:

-La herida no va a mejor... no tendr?as que mentirme... ?le reprendi? entre susurros, cogiendo un pa?o suave y empezando a limpiar la herida con cuidado, al menos m?s cuidado que el que hab?a mostrado con la mujer.

Tras limpiarla, la vend? de nuevo haciendo algo de m?s presi?n y se incorpor? para vaciar la jofaina. Dorian apenas hab?a levantado una ceja y re?do un poco:

-Estar? bien, peque?a

Se recost? en el catre de paja, tap?ndose con una sucia manta. Cerr? los ojos y en silencio sigui? el recorrido que la ni?a realizaba cada noche: ponerse algo m?s de abrigo para dormir... apagar la luz de los tenues velones... tropezarse contra una silla y murmurar muy bajito alg?n improperio (aquello siempre hac?a que sonriera a?n con los ojos cerrados) y finalmente meterse bajo las mantas del otro catre.

Normalmente a media noche, Dorian se despertaba al sentir un cuerpo peque?o y fr?gil abrazarse junto a ?l, entonces en su mente resonaba con m?s fuerza: ?c?mo vas a dejarla sola?

El d?a amaneci? gris, fr?o y amenazante como la noche anterior. No tard? en empezar a caer de nuevo una intensa lluvia seguida de varios rel?mpagos y truenos. Dorian deseaba que la situaci?n no se alargara m?s y por ello deb?a encontrar ese d?a mismo un carro con el que poder llegar a la mujer y a Karin.

El desayuno consist?a como cada d?a en un pobre surtido de pan seco con queso o carne salada acompa?ado de agua que val?a m?s la pena no mirar si quer?as no morir deshidratado.

Tras vestirse y cubrirse con una gruesa capa, Dorian sali? abriendo el pesado port?n, mirando hacia ambos lado de la calle antes de salir definitivamente y alejarse con paso renqueante hacia el centro de la ciudad.

La lluvia se le filtraba a trav?s de la capa y le llegaba la ropa, no era nada agradable caminar as?... pero a cada paso que daba estaba m?s cerca... o eso cre?a ?l; cuando alz? la vista y mir? alrededor no sab?a d?nde se encontraba. Se maldijo una vez m?s, la intensa niebla hac?a que todo cuanto viera le pareciera igual, y de nada sirvi? seguir deambulando, contra m?s lo hac?a m?s perdido se sent?a.

Entonces unas fuertes y recias manos lo cogieron por detr?s, y sinti? un profundo dolor en la cabeza. Entonces, la nada.
Realmente no llego a perder el conocimiento en ning?n momento, m?s bien sinti? como sus fuerzas le abandonaban y no era capaz de recordar nada, pod?a sentir, sent?a sus pies arrastr?ndose por el suelo, llevado por fuertes brazos que lo sujetaban por los brazos, pod?a sentir su cabeza pesada y embotada, pero no lograba recordar nada, no era capaz de centrarse en el camino recorrido, siquiera en tratar de mantenerse atento o alerta, era como si un sopor horrible e irresistible hiciera presa en ?l y cuando por fin lo arrojaron bruscamente al suelo, sin saber donde estaba o cu?nto tiempo hab?a pasado, sinti? que no pod?a moverse de all? y que la piedra del piso ahora era c?lida, limpia y acogedora y se durmi?.

El despertar fue brusco y desagradable, simplemente paso de dormir a luchar por respirar cuando los diversos fluidos de su boca, pulmones y nariz taponaron la tr?quea debido a la mala postura, de forma abrupta se levanto tosiendo y tratando de coger aire y finalmente vomito, solt? por la boca la angustia, el horror, el miedo..... Todo se fue en una arcada y unas toses postreras, ahora que hab?a vaciado su estomago se sent?a mejor, mucho mejor. Durante algunos minutos permaneci? recostado contra la pared, simplemente normalizando su pulso y su respiraci?n y solo entonces, cuando logro calmarse, miro a su alrededor. Estaba en una especie de almac?n, no m?s bien un establo, pero no un establo normal sino uno de esos de ciudad usados para guardar carruajes y no animales, el suelo era de piedra gastada por el uso y las paredes tambi?n, el ?nico material diferente era la madera de las dos puertas, una grande a su derecha, lo bastante grande para meter una calesa y otra peque?a a la izquierda, seguro que comunicando con la vivienda, Comprob? ambas puertas, gruesas maderas de roble envejecido al fuego y remachado con pesados clavos de metal, puertas pensadas para no poder ser derribadas o forzadas por un ladr?n y mucho menos por ?l.

Tras comprobar toda la estancia, cosa que podr?a considerarse m?nima a pesar de que es evidente de que no podr?a escapar, o si no lo hubieran dejado aqu?, hizo lo ?nico que pod?a hacer en una situaci?n semejante, estaba aturdido, desorientado, herido y desmoralizado as? que se arrodillo frente al port?n, justo delante de una rendija que dejaba entrar algo de luz solar y rezo. Rez? por que como buen hijo segund?n, en cuanto se comprob? que su hermano mayor sobreviv?a a los rigores de la infancia el fue enviado a un monasterio para poder vivir sin menoscabar el poder y las posesiones de su hermano, porque tuvo que cambiar la espada por los libros y porque lo hizo encantado de ser por fin ?til para algo m?s que cazar y comer, en dios encontr? la respuesta a muchas preguntas y con el tiempo llego a olvidar su destierro en la iglesia y descubri? que su presuntuoso y competitivo hermano se haya convertido en un buen hombre, en un hombre sabio y justo. Tras muchos a?os sin hablarse un d?a empezaron las cartas, su hermano le ped?a copias de libros, de antiguos tratados de econom?a y pol?tica, libros que un chico interesado solo en retozar con doncellas y cazar jabal?es jam?s leer?a, pero poco despu?s empezaron las visitas y los largos paseos hablando de filosof?a, de pol?tica y del mundo antiguo y fue entonces cuando Dorian descubri? que su hermano mayor no era tan diferente de ?l. Este nuevo hermanamiento, este acercamiento entre ambos hizo que el mismo oficiara la primera boda de su hermano y que enterrara a su mujer cuando la tuberculosis se la llevo, tambi?n le caso en segundas nupcias con Nyere, madre de Karin. La chiquilla se parec?a tanto a su madre que a veces mirarla dol?a, dol?a recordar como su hermano y su esposa fueron ajusticiados de noche, sin un juicio, sin testigos, solo por una acusaci?n no refutada de traici?n a la corona, ?l sab?a que era falsa la acusaci?n, sab?a que era una trampa y sabia quien la hab?a tendido... as? que colg? los h?bitos y se convirti? en el tutor y albacea de su joven sobrina.

Dorian levanto la cabeza y centro su mente de nuevo en el presente cuando unos pasos anunciaron lo que ?l ya esperaba, alguien levanto el grueso pasador de la puerta peque?a y la abri? de golpe, con la mala idea y la peor intenci?n de golpearlo si estaba cerca esperando atacar a sus captores, se permiti? sonre?r para s? mismo al pensar lo confusos y sorprendidos que estar?an al verlo en la esquina m?s alejada rezando con tranquilidad, pero ?l estaba en paz con dios, no ten?a por qu? temer a ning?n hombre.
Efectivamente, los dos hombres que entraron se quedaron durante unos instantes paralizados en el umbral de la puerta mirando con cierto asombro y recelo como Dorian permanec?a de rodillas, sin hacerles ni caso, aparentemente totalmente sumido en sus rezos. Quiz?s se esperaban que a estas alturas estuviese todav?a inconsciente?o mejor a?n, que al ver su situaci?n se hubiese dejado llevar por la desesperaci?n y el p?nico e intentase buscar como loco una forma de escapar del lugar, o como m?nimo, que estuviese totalmente desmoralizado. El hecho era que ?l, m?s que parecer desesperado, a ojos de sus dos captores parec?a estar sumido en una paz interior muy profunda.


Uno de ellos, un hombre alto, de complexi?n delgada, rasgos y cabellos oscuros, con unos peque?os y saltones ojos marrones, miraba a Dorian con una expresi?n tan bobalicona y confusa que Dorian tuvo que controlarse bastante para no estallar en carcajadas, ya que dada la situaci?n en la que estaba no ser?a nada bueno dejarse llevar por la mordacidad que lo caracterizaba en situaciones desesperadas y empezar a meter le?a al fuego. Ten?a que guardar silencio y esperar?esperar el mejor momento que tuviese para conseguir escapar y regresar junto a las dos personas que ahora lo necesitaban. Ese pensamiento s? que hac?a que se sintiese totalmente temeroso e inquieto, si a ellas les pasaba algo?


Pas? su mirada hacia el otro hombre. Tendr?a unos cuarenta y pocos a?os, con una barriga prominente que obviamente daba a entender que se daba a la buena vida y por sus pintas, tambi?n que no le hac?a ascos a un buen trago de alcohol de forma contin?a. Su pelo era de color del trigo seco, de hecho, parec?a tener la misma textura, y sus ojos eran azules color cielo que hac?a pensar a Dorian que de joven tendr?a que haber tenido pinta de espantap?jaros?bueno, ?Qu? de joven? Ahora mismo parec?a tener esa pinta. Pero era mejor fijarse en otras cosas, ya que, de los dos, este parec?a ser el m?s peligroso. Ten?a una expresi?n mezquina en el rostro que la hac?a pensar que no planeaba nada bueno para ?l, y era el que m?s estaba armado de los dos.
Despu?s de darle una colleja a su compa?ero de ojos saltones, este ?ltimo puso en su rostro una expresi?n medianamente normal y sacando una espada se fue acercando lentamente a donde estaba Dorian junto a su compa?ero el espantap?jaros, que murmuraba con voz desigual aunque firme:
- Cuidado amigo con lo que haces?lev?ntate lentamente y pon tus brazos a la espalda sin ning?n tipo de truco?por desgracia, ?l quiere verte antes de acabar contigo?una pena, ya que ten?a unas enormes ganas de jugar un rato con tu pellejo.


El espantap?jaros no ten?a ning?n arma en la mano ahora, pero daba toda la impresi?n de que vigilaba intensamente todos los movimientos de Dorian y que actuar?a desde que viese algo raro. Tambi?n, algo que perturbo a Dorian un tanto, ya que no le sonaba la cara de este tipo de nada, era que parec?a tener algo muy personal contra ?l. Le hablaba con un tono tan lleno de rabia y amenazas y con una mirada tan llena de odio que le hac?a pensar que ten?a que haber matado a su abuela o algo para que lo mirase con tanta sa?a. Pero por mucho que le diese vueltas a la cabeza no le llegaba ning?n tipo de recuerdo sobre este tipo en concreto.


Otra cosa que le llamo la atenci?n en la actitud de esos dos, es que, pese a las amenazas, el odio y la confusi?n, mientras le cog?an de brazos y pasaban una cuerda por sus mu?ecas para finalmente maniatarlo, hac?an todo con un exagerado cuidado y recelo, como si fuese el criminal m?s peligroso de todo el mundo.
Llegado este punto, don espantap?jaros indico a don ojos saltones de forma bastante brusca que fuese a buscar a los caballos de inmediato, y tras la salida de su compa?ero, con un duro pu?etazo en el est?mago de Dorian, hizo que trastabillase y c?llese de culo al sucio suelo, haciendo que a sus m?ltiples dolores anteriores se les uniese un fuerte dolor en el codo derecho, que es donde primero se apoyo. Aunque vamos, a estas alturas, ya todo su cuerpo clamaba por un buen descanso, que a todas luces no iba a conseguir al menos de momento.
Permanecieron en silencio durante un par de minutos?un silencio tan tenso y amenazador que Dorian esperaba que en cualquier momento en tipo se le echase encima y lo atacase hasta matarlo, lo ?nico que hab?a hecho hab?a sido atarle los pies, pero al parecer don espantap?jaros ten?a alguna otra orden que evitaba que llevase a cabo el asesinato inmediato.
Cuando llego su compa?ero, a Dorian lo envolvieron con una gran alfombra, lo ?montaron? r?pidamente en uno de los caballos estilo saco de papas y al momento siguiente don espantap?jaros estaba detr?s de ?l, en la montura, guiando las riendas del animal. Despu?s de salir del recinto, empezaron a cabalgar con cierta prisa hacia uno de los extremos de la ciudad.
En su situaci?n la pesada cortina de agua que se descargaba sobre ellos era incluso m?s terrible de lo normal. La tela con la que le hab?an enrollado se comenz? a empapar y a aumentar su peso, con lo que la presi?n sobre su cuerpo hac?a que la de por s? inc?moda postura fuese a?n peor. El agua chorreaba por su cuerpo hasta su rostro, e incluso avanzando por estrechas callejas el agua se derramaba por las paredes de las casas como si lloviese a cantaros. Un verdadero aluvi?n ca?a calle abajo cubriendo el empedrado y convirtiendo el resonar de los cascos en un peligroso chapoteo. Cuando el animal trastabill? sobre la piedra empapada Dorian solo pudo percibir como el mundo giraba sin control, enrollado como una mercanc?a not? un fuerte golpe en el costado que le hizo perder el aliento, un grito son? apagado aunque cercano y una exclamaci?n de rabia en la distancia.

El agua en la calle ten?a un palmo de altura y temi? lo peor, morir ahogado a su edad en una cantidad de agua que no servir?a ni para lavar sus partes pudendas. Se esforz? por alzar el rostro fuera de la riada que se descargaba pero las ataduras y el camuflaje le ten?an preso e impedido, convirtiendo esa terrible sospecha en una posibilidad muy consistente. Cuando unas manos le elevaron con un gru?ido y una maldici?n, casi se sinti? tentado de dar las gracias, pero los est?pidos ojos saltones que ten?a ante ?l borraron por completo esa idea en el acto. En su nueva posici?n pudo percatarse por fin de c?mo el caballo se hab?a partido el cuello en la ca?da y destrozado en la ca?da la pierna derecha del espantap?jaros, que renegaba apoyado contra la pared con la rodilla doblada en un ?ngulo aberrante mientras su compa?ero alzaba al prisionero a quien culpaba de todas aquellas desgracias.

-Deber?amos matarte aqu? y ahora, brujo ?bram? con sa?a sin dejar de mirar su pierna quebrada ni un solo instante- ?Deber?amos ajusticiarte por todo lo que has hecho!

Dorian abri? los ojos como platos sin entender que dec?a aquel hombre que tanto odio le profesaba, pero con la manta aflojada por el movimiento quiso aprovechar para golpear a su captor y huir? lamentablemente estaba bien atado de pies y manos, cosa que en cierto modo pod?a jugar a su favor. El hombre de ojos saltones apenas pod?a mantenerlo en pie con la fuerza del agua golpe?ndoles en los pies y la fuerte lluvia descarg?ndose sobre sus cabezas? la tela empapada sobre su cuerpo y su precaria postura le convert?an en un peso muerto que lastraba al hombre m?s bien enjuto.

-No puedo moverlo, ?ay?dame! ?reclam? con los brazos temblando ya por el esfuerzo de arrastrar aquella pesada carga hacia el caballo restante.

-?Y c?mo voy a hacerlo, imb?cil? ?reneg? buscando cobijo de forma in?til bajo un alero cercano, su voz se quebraba casi en llanto mientras arrastraba su pierna herida- Debimos esperar a la ma?ana, a que amainase la lluvia?

-?No me digas lo que debimos hacer! ?repuso con rabia e inesperada resoluci?n el hombre de ojos saltones.

La abultada tripa salt? cuando su portador ahog? una respuesta acobardado, a pesar de su anterior disposici?n a dar ?rdenes su reciente herida le hab?a vuelto menos decidido y se limit? a gemir lastimero sin atreverse a mover la pierna, dejando escapar un alarido cada vez que un gesto involuntario le sum?a en un intenso dolor.

Dorian estaba ahora apoyando contra un muro cuando su porteador sac?, hastiado, un cuchillo de la ca?a de la bota. Con determinaci?n rasg? la empapada envoltura del prisionero y acto seguido coloc? la hoja al cuello.

-Voy a soltarte los pies y vas a subir conmigo al caballo, mi se?or quiere verte vivo pero no necesita que tengas todo en su sitio? as? que nada de heroicidades, viejo, o te agujereo las tripas. -amenaz? con voz firme.

Dorian, dolorido y maltrecho, observ? como cortaba las sogas que manten?an unidos sus pies y en cuanto not? como la presi?n se aliviaba lanz? una fort?sima patada contra el rostro de su captor que cay? de espaldas con el rostro ensangrentando. La pierna contraria le fall?, el latigazo de dolor le recorri? la espalda y rod? por la inundada calle golpeando con sus viejos huesos contra el suelo.

El espantap?jaros lanz? un alarido, a medio camino entre la rabia y el dolor cuando quiso moverse tras ?l, el desgarbado hombre de ojos saltones se agarraba el rostro con ambas manos y un charco rojizo se extend?a en el agua en torno a ?l mientras Dorian chapoteaba alej?ndose, tirando de su pierna que arrastraba por el empedrado con no menos pena que la que mostraban sus supuestos captores.

Se aferr? a un saliente de la pared para alzarse, viendo su oportunidad de huir al alcance de la mano cuando la disonante voz del gordinfl?n le gritaba que se detuviese apenas dedic? un instante a mirar sobre su hombro que suced?a a su espalda, mientras uno se incorporaba con el rostro ensangrentado el otro buscaba algo bajo su pechera. Haciendo caso omiso de la advertencia comenz? a correr cuanto le permit?a su cojera y antes de recorrer cinco pasos un estampido reson? por el callej?n sobreponi?ndose al tronar de la tormenta.
Sinti? como el pinchazo de un mosquito cerca de su rostro, pero Dorian no detuvo su carrera, casi m?s por la fuerza de la inercia que por quedar energ?as en sus cansados miembros. Cada paso parec?a hacer retumbar todo su esqueleto, de arriba abajo, y que s?lo un milagro de la suerte imped?a que cayera al suelo con un correr tan torpe y desma?ado, casi como el de un borracho que pretende llegar a su casa y contarle una historia incre?ble a su mujer a pesar de que su aliento le acusa delatoramente. Sigui? corriendo hasta que por fin, de manera inevitable, acab? tropezando con sus propios pies, pero consigui? arrastrarse tras unas cajas. Al menos iba a morir descansado, y sin mojarse apenas gracias al saliente del tejado. Escuchaba los pasos de sus perseguidores entre juramentos y promesas de torturas extremas que pensaban infringir a Dorian, que sonre?a entre dientes, casi con iron?a: en el estado en el que estaba no durar?a mucho para aquellos tormentos. Fue entonces cuando la carrera del espantap?jaros y el de los ojos saltones se detuvo en seco.

-?Ocurre algo, caballeros? - coment? una voz seria.

-Oh, no, agente, s?lo est?bamos... ten?amos prisa por alcanzar... - el espantap?jaros dud?, y su compa?ero no lo hizo mucho mejor - s?, tenemos... que salir... fuera.

-?Ah, s?? Pens? que las puertas estaban cerradas - opin? el guardia con un tono de sospecha en su voz.

-?S?? Ah, eso es que... nos han gastado una broma... s?, eso, una broma - los pasos de los matones parecieron retroceder, al comienzo con pocas ganas, pero si se alejaban Dorian entend?a que el guardia les segu?a con la mirada. Eso le dar?a unos segundos. Si pudiera levantarse... si s?lo pudiera... sin embargo su cuerpo parec?a haber dicho basta y que tras forzarlo no le iba a seguir aguantando ese ritmo.

-Eh, t?. No queremos borrachos en las calles de esta ciudad - era la voz del guardia - adem?s te has metido en alguna pelea por esa herida que tienes ah? - Dorian se toc? donde hab?a sentido el pinchazo y vio sangre en sus dedos. El balazo le hab?a volado una oreja. El m?stil de la lanza del guardia en sus costillas le sac? de su ensimismamiento.

-Venga, mu?vete. Est?s arrestado por lo que queda de d?a. Y creo que te hago un favor: en estos barrios te matar?an por quitarte esos harapos que llevas por ropas.

Agarr?ndose a las cajas, Dorian logr? incorporarse. El gris del cielo le imped?a saber lo que quedaba del d?a, y por si fuera poco no conoc?a el barrio de la ciudad en el que se encontraban. Malo s? que era, desde luego: se ve?a alguna vecina vaciando el orinal por la ventana y el hedor, al que hasta el momento no le hab?a prestado atenci?n mientras corr?a para salvar su vida, le agredi? al olfato. Apestaba. No tanto como aquella habitaci?n llena de cad?veres empaladas y... no, todo eso hab?a quedado atr?s. Muy atr?s.

Sigui? al guardia, que no articul? palabra en el resto del camino: seguramente volv?a de una ronda y esperaba secarse tras coger una buena chupa bajo la tormenta. Realmente no tanto, la ropa de abrigo estaba impermeabilizada con grasa animal, y la especie de sombrero tampoco dejaba pasar el agua. En aquella ciudad la lluvia deb?a de ser omnipresente, algo que ten?a que haber notado la primera vez que hab?a estado all? de paso, en su viaje de ida al templo. Tampoco ten?a tiempo en aquel momento, la verdad...

Al fin llegaron a un edificio gris, de ladrillo, que si bien no ten?a aspecto acogedor, tampoco era todo lo patibulario que se pod?a esperar de una prisi?n. Los guardias de la puerta saludaron.

-Buenos d?as, capit?n Hallstr?m.

Dorian trag? saliva. Capit?n... ojal? el espantap?jaros y el rana se hubieran enfrentado a ?l. Con ese rango seguro que peleaba bastante bien, y le habr?a quitado de encima a esas dos cucarachas. No parec?a un maniqu? elegido para el puesto por conexiones pol?ticas o ser hijo de, sino que ten?a aspecto de ser un hombre curtido.

-A mi despacho - se?al? Hallstr?m, lo que inquiet? a Dorian. Si s?lo le hab?a tomado por un borracho, ?a qu? ven?a llevarle a su despacho? Entr? con recelo y le cost? sentarse, en parte por miedo a manchar la silla, en parte porque su herida le dol?a. No se hab?a abierto por suerte. El capit?n sac? de un armario de madera dos copas de cristal tallado y una botella antigua, echando un par de dedos de licor antes de taparla y volverla a guardar - ahora hablemos...
Karin abri? el port?n hacia el medio d?a, aunque la lluvia segu?a cayendo incesante al menos parec?a que empezaba a amainar poco a poco, sin embargo la cruel tregua se convirti? en una tormenta que amenazaba con inundar los bajos de la ruinosa casa donde estaban.

Preocupada por Dorian, asom? la cabeza que se le empap? en pocos segundos. ?D?nde se hab?a metido? Normalmente no tardaba m?s de un par de horas o tres pero ahora empezaba a pensar que quiz?s le hubiera ocurrido algo.

Camin? entonces hacia la habitaci?n donde descansaba la mujer malherida y d?bil, su respiraci?n era cada vez m?s tenue y a veces costaba averiguar si es que no hab?a perecido ya; parec?a que hacia acopio de todas sus fuerzas para no desfallecer.

Con mec?nica disciplina, la ni?a retir? los vendajes limpi? las heridas y volvi? a vendar; acto seguido le dio de comer una sopa a la pobre mujer, la cual se resbal? en su mayor?a por los labios por mucho que Karin intentara que tragara.

Agotada se dej? caer sobre el fr?o catre, envolvi?ndose en las mantas. Una l?grima solitaria se asom? t?mida y termin? rodando por su mejilla y estrell?ndose en la sucia s?bana. Poco a poco el sue?o se fue apoderando de ella, meci?ndose con el sonido del viento que se filtraba por las ventanas, y por los rayos y truenos que parec?an no terminar jam?s...

-Karin, r?pido... ?esc?ndete! ?las palabras de su madre la acompa?aban siempre, a cualquier hora del d?a. Con el camis?n puesto y un bat?n hab?a corrido por todo el castillo hasta refugiarse en una alacena donde guardaban el grano del ganado. Se tap? los o?dos ante los incesantes gritos. No recuerda cu?nto tiempo estuvo all?, pero en cuanto sali? vio el paraje desolador en que se hab?a convertido su casa. A su encuentro vino r?pidamente un t?o suyo que en aquel momento no le gustaba nada, pues su olor le recordaba al incienso maduro y la hac?a marear.

Tambi?n record? que no hab?a dejado que viera a sus padres muertos y que r?pidamente se la llev? en un carro, huyendo de all? por lo que pudiera pasar. Era la ?nica vez que le hab?a visto llorar. En un monasterio donde les hab?an dado de comer y les hab?an dejado dormir ?l se hab?a quitado el h?bito y se hab?a cortado la coronilla del pelo.

Desde entonces hab?an viajado sin descansar un momento hasta llegar al templo... ?cuando Karin despert? ya hab?a anochecido y Dorian segu?a sin aparecer.

Realiz? de nuevo la cura a la mujer y procedi? a darle la cena, parec?a que hab?a mejorado un poco en ese d?a, aunque segu?a todav?a casi a todas horas dormida.

Entonces se escuch? el port?n y Dorian entr? con el gesto sombr?o. Ten?a una fea herida en la oreja y un aspecto horrible, sucio y cansado:

-Karin, traigo noticias...
Karin, al ver el aspecto que ten?a Dorian y el tono en el que dijo sus palabras no pudo m?s que dar un respingo. Realmente se ve?a fatal, y no le hab?a gustando mucho el ?nfasis que hab?a puesto en ese ?traigo noticias?, de seguro que no eran nada buenas?aunque?de un tiempo hasta ahora, ?Cu?ndo hab?an tenido algo as?? Todo parec?a estar complic?ndose m?s y m?s por momentos.

Aunque sent?a mucha curiosidad por saber en qu? hab?a estado Dorian y como hab?a acabado en ese estado, la sangre, la suciedad y el cansancio de Dorian era lo primero de lo que se ten?a que ocupar?ya ?l la hab?a cuidado lo suficiente, era hora de que ella le devolviese el favor cuando obviamente el hombre lo necesitaba urgentemente.

- Tranquilo, Dorian, ya me lo dir?s en un poco?ahora lo mejor es que te pongas c?modo mientras yo preparo lo necesario.

?l pareci? quedarse durante unos instantes bastante confundido?de seguro que hab?a pensado que lo iba a acribillar a preguntas o algo as?, y sin decir nada m?s, asinti? con la cabeza. Al darse cuenta de que su mirada segu?a fija en su aspecto, evaluando que necesitar?a para ocuparse de ?l, no pudo evitar hacer una peque?a broma sobre su aspecto, pese a todo lo que hab?a pasado ?ltimamente.

Ella le respondi? con una peque?a sonrisa, le se?alo a un asiento aunque antes le indico que pusiese algo debajo para que no se manchase y se alejo en busca de lo que requer?a.

Minutos despu?s, en los que se le hicieron interminables a Dorian, y en los que este hab?a dado vueltas una y otra vez sobre como afrontar?a un tema tan?complicado e importante con Karin sin asustarla o preocuparla terriblemente, lleg? Karin con un cubo de agua que obviamente hab?a calentado y que seg?n ella estaba en una temperatura adecuada para quitarle toda esa morri?a de encima. Al momento de dejar el cubo, desapareci? y trajo consigo material necesario para efectuar una cura.

- Bueno?supongo que primero que nada tendremos que ocuparnos de toda esta suciedad, ?no crees? ?Qu? te pas?? ?Te ca?ste de lleno en un pozo?

Dorian fue a responder que le hab?a pasado, pero la chica, que parec?a haber estado hablando consigo misma m?s que con ?l, movi? la mano en un gesto indolente, como rest?ndole importancia, y sigui? a lo suyo mientras murmuraba:

- Nah, deja, no me digas nada?cuando acabemos con esto ya me lo contar?s todo.

Dorian se encogi? al escuchar el ?nfasis que hab?a puesto en ese ?todo?. Demonios, el no ten?a intenci?n de cont?rselo todo, era demasiado incluso para una jovencita tan madura como ella?y estaba claro que esa peque?a listilla ya lo conoc?a lo suficiente como para evitar que le dijese las cosas a medias y as? librarse de contarle parte del asunto. Cuando llegase el momento del ?interrogatorio? se las iba a ver canutas?pero ahora mismo, lo ?nico que le preocupaba era estar c?modo y poder descansar unos instantes, y eso no lo podr?a hacer hasta que ella no acabase con ?l.

Mientras lo restregaba con una tela mojada para quitarle la suciedad, ella murmur?:

- Hace poco que le hice la cura y le di de comer?ahora est? tranquila, dormida?y me ha dado la impresi?n de que est? mejor. Espero que se recupere del todo?y pronto. Me tiene muy preocupada?pero?me preocupe a?n m?s por ti. No quiero que te pase nada malo.


Durante unos instantes, Karin le pareci? a Dorian mucho m?s ni?a de lo que era, una peque?a que lo ?nico que quer?a era tener cerca de sus seres queridos y saber que no iba a pasar nada malo. Pero pronto esa sensaci?n desaparecido, sustituida por la expresi?n de suma concentraci?n mientras la chica se encargaba de curar sus heridas.

Dorian no pudo evitar una sonrisa mientras escuch? los murmuros de ella mientras se dedicaba a la curaci?n. Siempre hac?a lo mismo cuando estaba muy metida en algo o cuando algo le preocupaba. Posiblemente, en este momento, fuese una mezcla de las dos cosas.

Despu?s de limpiarlo superficialmente (?l se encargo de la parte m?s intima, haciendo que la chica se volviese de espaldas), conseguirle ropa limpia y seca, y curarle las heridas. Dorian se sent?a de maravilla, c?modo y limpio en frente del fuego, aunque no pudo evitar tragar con nerviosismo, porque ahora que ella no ten?a nada que hacer, se concentrar?a del todo en su historia y no parar?a hasta conseguir todas las respuestas que quer?a. Tendr?a que ser muy h?bil para no decir algo que no quisiese decir. No quer?a mentirle, pero?es que era tan joven?no le pod?a decirle ciertas cosas? ?o quiz?s si? De acuerdo, era muy madura para su edad, pero a?n as?maldita sea, hubiera sido mejor soltarle todo cuando hab?a entrado y no esperar hasta este instante, ahora despu?s de la espera estaba demasiado nervioso, y ella, demasiado ansiosa.

Dio un respingo cuando dijo con voz suave y tranquila:

- ?Necesitas algo m?s?- aunque inmediatamente, al parecer sin poder contenerse, empezaron las preguntas- Dorian, dios, estabas hecho polvo? ?Qu? te paso? ?Te atacaron? ?Por qu?? ?Volver?n a hacerlo? Venga, tienes que contarme que ha pasado.

A Dorian le gustaba verla tan dado a hablar y hacer preguntas, por lo general era demasiado seria y callada?pero? ?Por qu? hab?a elegido este preciso momento para ello? Pens? casi con un gemido.

- Mm?si?me atacaron, pero tranquila que como ves no me han hecho demasiado da?o...y consegu? librarme de ellos?con la ayuda de un capit?n?pero?en fin, lo importante es que acabe hablando con ese capit?n, y despu?s de ello, me ha dado una idea de porque esa gente est? detr?s de?mi?- c?llate, Dorian, no digas nosotros o la aterrar?s- y tambi?n?bueno, se ha ofrecido a darme cierta?mmm?ayuda?si yo les ayudo a ellos?al parecer tenemos un problema en com?n, o algo as?. Me han ofrecido un trato?tengo que darles respuesta por la ma?ana.

Se sumieron en un silencio, Dorian para dejar de hablar de forma tan cortada y poner en orden sus ideas, y la muchacha para meditar un poco esto.

Cuando Dorian vio que Karin lo miraba intensamente y abr?a la boca para hablar, no pudo evitar un gemido interno?
El capit?n Hallstr?m despidi? a su visitante tras una larga conversaci?n en la que averiguo todo lo que necesitaba saber, el nunca hab?a sido el mas h?bil espadach?n y no era por falta de fuerza o t?cnica, era por falta de esp?ritu, otros se lanzaban a la batalla con el ardor de la justicia, con la furia del honor mancillad o la determinaci?n de lo que est? bien y mal... pero el no, el solo pod?a pensar en lo dolorosas que son las heridas y en lo mucho que le queda por vivir. Hace a?os, en una pelea de entrenamiento, un compa?ero le golpeo en el pecho y Hallstr?m dejo de respirar, no fue un golpe muy fuerte pero si dado en muy mala zona, durante unos pocos segundos el lucho por que llegara aire a sus pulmones y no lo lograba, sus compa?eros lo miraban, lo zarandeaban y llamaban al instructor y aunque al momento volv?a a respirar el era solo un ni?o y este ligero roce de la parca sirvi? para que perdiera pasa siempre el deseo de luchar, todo su esp?ritu se desvaneci? cuando vio tan cerca la angustia de la muerte y m?s de aquella forma tan especialmente cruel.
Sin embargo no se lo coment? a nadie, nadie supo de su secreto terror, salvo, tal vez, su profesor de esgrima, un hombre seco y silencioso que acept? de muy buen grado su dinero a cambio de no comentar nada a nadie y as?, el joven Hallstr?m logro crecer y convertirse en guardia tal y como deseaba su padre, la fortuna de la familia hizo el resto, ascensos, condecoraciones.... pero con todo el nunca ha pensado que hizo trampa para lograr llegar tan alto, puede que no sea el espadach?n mas eficaz o el m?s valiente pero donde los dem?s solo ven un charco de sangre y un muerto el ve mucho mas, ve l?neas invisibles que unen al muerto y a su asesino, indicios, pistas, testigos.... con los a?os Hallstr?m se convirti? en un verdadero experto en la naturaleza humana, en saber si alguien miente o dice la verdad, en descubrir secretos y motivaciones ocultas y en el sutil arte de la conversaci?n y el interrogatorio, en una ocasi?n logro averiguar pr?cticamente todo sobre la vida de un hombre solo d?ndole a cambio su nombre y es que un buen conversador puede saberlo todo de los dem?s sin que ellos sepan nada de ?l y Dorian no es tan buen conversador como el mismo cree.

Una vez a solas Hallstr?m se tomo unos segundos para pensar, para calcular todos los movimientos y todas las implicaciones de la revelaci?n que acababan de hacerle y finalmente, sonri?, hab?a llegado alto, muy alto en la guardia pero el siempre hab?a querido algo mas y estaba a punto de conseguirlo, lo que ahora sabia podr?a abrirle muchas puertas si era capaz de usarlo en su propio beneficio y cre?a que ser?a capaz. Con prisa, casi con mano temblorosa, saco de su caj?n de escritura papel y una plumilla y empez? a escribir, escribi? tres cartas, todas ellas id?nticas en su origen pero con sutiles mensajes, indirectas y sugerencias que har?an creer a sus interlocutores que el Hallstr?m era vital para que el asunto Dorian llegara a buen puerto, bien en un sentido o en el otro. Una vez listas las misivas se levanto y fue a la esquina donde ten?a las velas, all? empez? a recolectar la cera necesaria para sellar las cartas, lo hizo sin prisa, permiti?ndose el lujo de so?ar, de pensar cual podr?a ser el resultado de su acci?n y como podr?a beneficiarle cualquier desenlace posible y cuando por fin las tuvo listas hizo sonar una campana y al instante entro un joven recluta que cumpl?a su servicio como ayuda de c?mara, un hijo de alg?n burgu?s que hab?a pagado una fortuna por que su hijo medrara en la guardia sin los riesgos de las calles y las rondas, Hallstr?m miro por la ventana la lluvia que ca?a incesante y extendi? el brazo diciendo:
-que un mensajero de confianza lleve estas cartas esta misma noche, son muy importantes, que no se mojen y procura que sea alguien sobrio y poco dado a chismorreos, no quisiera enterarme en cualquier taberna que mis asuntos est?n en boca de todos.-
El chico agarro las cartas y desapareci? tan r?pido y silencioso como llego, Hallstr?m pod?a ser un jefe muy severo y cruel si se lo propon?a.

Esa misma noche, algo m?s tarde, hizo llamar a Issas, un guardia con muchos a?os de experiencia, un hombre callado que si bien no era el m?s listo de los que hab?a a su cargo, era sin duda el m?s astuto, la astucia de un perro viejo ya que Issas se hab?a criado en las calles y hab?a cortado bolsas y luego cuellos con la facilidad con la que otros escriben poemas de amor o sue?an con los ojos abiertos, cuando la mayor?a de los que hoy son oficiales apenas eran unos ni?os, Issas era ya un reputado asesino, un aventurero, un vividor, un rufi?n de las calles m?s bajas, un sicario que n conoc?a mas mundo que esos brutales callejones y cuando Hallstr?m lo conoci? no pudo evitar sentirse impresionado por el salvajismo de su prisionero, por su lealtad a los camaradas huidos tras el golpe, por su orgullo y su determinaci?n a pesar de que todo indicaba que el cargar?a con todas las culpas de los asesinatos cometidos en aquel callej?n y todo aquello hizo que Hallstr?m decidiera no castigarlo sino reclutarlo para s?.
La lealtad de Issas estaba fuera de dudas y cuando el duro hombre entro en la sala, silencioso como un gato y vigilante y tenso como una cuerda de viol?n, Hallstr?m solo dijo:
-hoy he tenido una visita, quiero que no lo pierdas de vista, no lo dejes ni a sol ni a sombra y espera mis instrucciones, tal vez tengas que matarlo.- todo esto fue dicho sin dejar de mirar la lluvia que ca?a y ese gesto fue lo que oculto la sorpresa de Hallstr?m cuando Issas dijo:
-s?, se quien es... ?qu? hacemos con los hombres que lo segu?an?-
Vaya, su subalterno sab?a muchas cosas, siempre lo sorprend?a l atento que Issas estaba a todo y su incre?ble buena memoria, as? como su perspicacia, Hallstr?m sin dejar de mirar por la ventana dijo:
-matarlos a los dos.-
Issas no pesta?e?. Desde siempre, dentro de la guardia, hab?a algunos que se encargaban de salvar los escollos de maneras ilegales: antes de ?l seguramente hubo alguno, y despu?s llegar?a alguien m?s joven, m?s ?gil y m?s astuto y ?l podr?a retirarse, aunque aquello le har?a dejar de percibir los peque?os extras de aquellos trabajos, no s?lo en dinero, sino en intangibles como no tener guardias, turnos diurnos, privilegios que se justificaban por su veteran?a... al fin y al cabo nadie deseaba ser guardia para siempre, cuando se pod?a ahorrar un poco para comprar unas tierras, o trabajar para un noble con una paga m?s sustanciosa... algunos achacaban a Issas una falta de ambici?n e indiferencia hacia su futuro, ya que no conoc?an la forma en la que hab?a acabado formando parte de la guardia gracias a Hallstr?m.

El capit?n volvi? a sus papeles, con la mirada perdido, y el veterano sali? renqueando de la habitaci?n. Una vieja herida en la cadera, recuerdo de sus d?as de vida procelosa, le avisaba del cambio del tiempo. No obstante se pod?a dar con un canto en los dientes de haber salido s?lo con ese recuerdo, habida cuenta de que sus compa?eros de armas, sus compadres hab?an bailado al final de la soga antes o despu?s. El viejo, as? le llamaban algunos j?venes de los bajos fondos en susurros. A Issas no le molestaba ese mote: sab?a que junto a ese sobrenombre contar?an tres o cuatro historias, con sus nefandas haza?as cada vez m?s exageradas, hasta que al final se convirtiera en el hombre del saco o el coco con el que las madres asustar?an a sus hijos revoltosos, narr?ndoles que aparecer?a una noche y les sacar?a las grasas del est?mago con alg?n arma herrumbrosa.

Un hombre, mutilado por la guerra o un accidente de manera que sus piernas estaban cortadas a la altura de las rodillas, que se impulsaba merced a la fuerza de sus brazos, apareci? en una puerta, y chist? para que Issas reparase en ?l. Se acerc? al mutilado, ya que formaba parte de sus ojos y o?dos en la calle.

-Issas, bastardo. ?Qu? te cuentas? ?No tendr?s unos cobres para un pobre herido por su pa?s? El hambre me corroe y la sed me consume. O al rev?s - lanz? una especie de graznido a modo de risa.

-Tengo algo de peso en el bolsillo - Issas arroj? un par de monedas al aire que su interlocutor cogi? e hizo desaparecer entre sus mugrientas ropas - pero espero que sea mejor que la ?ltima. Dijiste que el cabo Hacker se hab?a largado con una fulana, y su mujer lo hab?a trinchado como a un pavo. Y yo casi fui el siguiente.

-Issas, por los dioses. ?Quieres que comprenda a las mujeres? Pero no te voy a hablar de mis problemas. Me enter? que andas buscando a un hombre, y con premura. No he podido enterarme de la localizaci?n exacta de su escondite, pero s? que est?n en la zona vieja de los almacenes. Y que est? acompa?ado.

-Pues que no se entere nadie m?s - otra moneda cruz? el aire - y busco a dos conejos que se creen lobos.

-No pretenden ser ni lobos - de nuevo la risa-graznido - son un par de criados.

-?De qui?n? - el ojo de Issas brill? un instante.

-No lo s?... a?n.

El veterano cabece? a modo de despedida y aceler? el paso. Comenzaba de nuevo a caer una fr?a e inc?moda llovizna, de ?sas que parecen no mojar apenas pero que acabas como una sopa, pero Issas ni se percataba. Ser?a m?s c?modo que dos matones, dos ladrones hab?an apaleado a ese tal Dorian. Un mal tropez?n en una mala calleja. Si eran enviados de alguien, eso era un trabajo mayor; y esperaba que no fuese un hueso que no pudiese morder. No, ya no ten?a edad para eso...
Cullen O?Deal, alias ?espantap?jaros?, y su compa?ero Billy, o tambi?n llamado ?ojos saltones?, odiaban profundamente la justicia, y ahora mismo, odiaba a los agentes m?s que nunca, al ver como esa asquerosa sanguijuela brujer?a se escapaba de sus manos, despu?s de todos los esfuerzos que hab?an hecho para conseguir a ese brujo para el jefe y todo el sufrimiento que les hab?a acarreado.
Vieron, con rabia e impotencia, como su prisionero, junto al agente, se alejaban, y otra vez, Callen pens? en como odiaba a esos malditos entrometidos.
El y su compa?ero siempre hab?an tenido l?os con la justicia, desde muy temprana edad y supon?a que eso seguir?a as? durante mucho tiempo m?s.
Billy se hab?a criado en sus primeros a?os en un orfanato, pero dada los malos tratos que hab?a padecido desde muy joven, la falta de comida y las condiciones tan p?simas que hab?a en el recinto, se hab?a arriesgado a escaparse y vivir en la calle. Nunca lo volvieron a pillar para regresarlo al lugar y sobrevivi? como medianamente pudo de todas las veces que lo hab?an pillado robando o intentando realizar cualquier acto ilegal que le exig?a la banda de j?venes en las que se hab?a metido. Al fin y al cabo, Billy no se caracterizaba por sus grandes luces al planear nada, y eso hac?a que fuese f?cil que acabase una y otra vez entre rejas, aunque parec?a que a ?l no le importaba demasiado acabar as?, al fin y al cabo, varios de los trucos que sab?a ahora para robar los hab?a aprendido en prisi?n.
Por su parte, los problemas de Cullen con la polic?a se deb?an m?s bien a su forma de vida, ya que era un empedernido juerguista, alcoh?lico y gran aficionado a los juegos y las apuestas, por no hablar de que le encantaba realizar cosas que en teor?a no se pod?an hacer, debido a que eran totalmente ilegales.
Hab?an pasado un par de a?os juntos, trabajando en conjunto en las calles y obteniendo alg?n que otro buen resultado, reparti?ndose las ganancias. Pero ahora, desde no hace mucho, trabajaban para otro, y el que hubiesen fallado en la misi?n encomendada?otra vez, llenaba de un terror absoluto a Cullen. Su jefe era muy estricto y exigente, y maldec?a la hora en que hab?a aceptado formar parte de sus filas, pero nada pod?a hacer para largarse. Sab?a por experiencia vivida, que si alguien afirmaba que se iba a ir en poco, a la ma?ana siguiente era un cad?ver. Pero? ?no iban a ser de todas formas hombres muertos cuando el jefe supiese que se les hab?a escapado el tipo que ?l quer?a tener en sus manos?
Ten?an que volver a secuestrar el brujo y llevarlo ante ?l?quiz?s as? no se enterase nunca de su error?y si se entera, al menos sabr? que han cumplido su parte de llevarlo ante ?l. Al fin y al cabo, un viejo dicho rezaba ?m?s vale tarde que nunca? ?no? Esperaba que el jefe lo tuviese en cuenta cuando los tuviese delante.
Pero ellos mismos ahora no pod?an hacer nada para secuestrar de nuevo a Dorian?tendr?an que esperar.
Sab?a que no pod?an acercarse demasiado a donde estaba, pero podr?a mantener vigilado su localizaci?n. Mientras Billy lo ayudaba a caminar y ?l maldec?a a cada paso por el terrible dolor que padec?a en su pierna, fue a buscar a un pilluelo de las calles que frecuentemente trabajaban para ellos. El chico no dijo nada al ver el mar aspecto que ten?an, pero asinti? inmediatamente al ver que le ofrec?an dinero y le dec?an que ten?a que hacer. Ese ni?o perseguir?a al agente y a Dorian y lo mantendr?a a ?l informado de la localizaci?n de este ?ltimo por medio de los otros ni?os de la calle. De momento era lo ?nico que pod?a hacer. Luego, satisfecho con la medida tomada, se dirigi?, renqueante, hacia la casucha donde un antiguo colega se encargaba a hacer tatuajes. M?s de un tatuaje de los que Cullen ten?a en el cuerpo se los hab?a hecho ese viejo marinero, y m?s importante a?n, George le deb?a un favor y sab?a c?mo curar heridas de su ?poca en los barcos.
Despu?s de media hora y de mucho sufrimiento y dolor al estar en manos del viejo George, por fin estaba medianamente curado. Aunque le hab?a dicho que necesitaba reposo, no se lo pod?a permitir. Ya una de esas peque?as sabandijas callejeras le hab?a informado que su presa se encontraba en una vivienda, sin la presencia de ning?n agente, hab?a entrado solo ah?. ?Qu? mejor oportunidad? Ten?an que actuar ya antes de que el jefe tomase medidas si se daba cuenta de lo que hab?a ocurrido. Pens? con desesperaci?n Cullen.
Apoyado en su compa?ero, se dirigi? hacia esa vivienda, teniendo mucho cuidado cuando llegaron a las cercan?as del lugar, para ver si hab?a alg?n agente?no encontraron nada. Bueno, tanto mejor, menos problemas.
Estaban en un callej?n cercano, que ten?a de lado la casa donde se hab?a metido el brujo, intentar?a encontrar una puerta trasera o una ventana baja por donde entrar y zas! Tendr?a a ese cabr?n de nuevo en sus manos para envolverlo en papel de regalo y entreg?rselo al jefe. El no podr?a actuar demasiado dada su reciente herida, pero Billy ser?a capaz de hacer eso. No ser?a la primera vez que secuestraban a alguien as?ni ser?a la ?ltima.
Cuando se iban a poner en marcha, un impulso tremendo de girar la cabeza y mirar hacia atr?s, a pesar de no haber escuchado ni visto nada fuera de lo normal. Pero su instinto le hab?a salvado en m?s de una ocasi?n as? que tras mirar, dio un suspiro de alivio al ver que no era ning?n peligro. Era solo un chiquillo m?s de la calle. En fin, ya hab?a hecho todo el uso de esos mocosos por esta noche, y aunque este hubiese escuchado que hab?a dado monedas a sus colegas por el trabajillo, si esperaba algo m?s se iba a llevar una decepci?n.
El cuerpo del chico era peque?o y delgado, ten?a las ropas t?picas de esos pilluelos de la calle, y el cabello, corto y alborotado, de color negro oscuro y unos ojos marrones, con cierto aire felino, que observaban todo de forma bastante intensa. Era solo un maldito mocoso, pero le estaba empezando a poner nervioso, y no entend?a porque. Solo sab?a que algo no estaba bien?algo no concordaba en esa figura con los dem?s chiquillos?pero no sab?a qu?.
A su lado, escuch? la voz de Billy, y para su sorpresa y preocupaci?n, sonaba totalmente aterrorizada.
- Cull? ?es ella! La he visto antes? ?tenemos que irnos!
Mientras Billy tiraba de ?l con gestos fren?ticos para irse, el espantap?jaros mir? una vez m?s la figura? ?ella? Bueno, podr?a ser?al fin y al cabo, las mujeres, en su opini?n, no se caracterizaban por tener nada de altura, casi todas eran como ese mocoso si en verdad era una chica?en fin, bajas y delgadas. ?Qu? m?s le daba a ?l que fuese una mujer? Mujer o mocoso, no era ning?n problema para ?l, lo mejor ser?a despacharla y?
De pronto, al ver la sonrisa de ese mocoso tras escuchar las palabras de Billy, sonri? y eso hizo que entendiese lo que quer?a decir su compa?ero. ?Idiota! ?Por qu? no se hab?a dado cuenta antes?
Vio con perplejidad como su compa?ero de aventuras se largaba por patas, abandon?ndole all? a ?l con este problem?n? (?El muy canalla! ?Con todo lo que hab?an pasado juntos!)?aunque muy lejos no lleg?. Billy cay? al suelo como un saco de papas en pocos segundos, con un par de cuchillos clavado en la espalda y otro en el cuello. Todo hab?a sido tan r?pido que Cullen no entend?a como hab?a pasado?pero lo importante era largarse de ah?, aunque no pudo evitar que cierta pena lo embargase al ver que su compa?ero de tantas correr?as juntas hab?a ca?do.
Esa maldita chica era la que el jefe mandaba a eliminar el que hubiese fallado?.se rumoreaba que hab?a sido entrenada por ?l mismo...e incluso que compart?an lecho y trabajaban juntos ?c?mo demonios se hab?an enterado tan pronto de su fracaso? ?Y eso qu? m?s daba! Esa perra iba a acabar con ?l. Cojeando, sin el apoyo ya de ojos saltones, sac? su arma y se plant? como pudo para luchar. Si esa zorra pensaba que se lo iba a poner f?cil, estaba muy equivoc?de pronto una nube oscura se arremolinaba ante sus ojos y notaba como el dolor y la sorpresa se entremezclaban en su interior? ?Qu? hab?a pasado?
Lo ?ltimo que vio antes de que lo engullera la oscuridad fue a esa chica mirando hacia la casa donde se encontraba el brujo.
Los dos cuerpos empapados por la lluvia pronto formaron un amplio charco rojizo, la lluvia, intensa y eterna segu?a cayendo desde hac?a horas. As? eran las tormentas en el sur, pod?an prolongarse durante d?as sin mermar un ?pice su violencia. La gran ciudad ten?a enormes aleros en las calles que convert?an el centro de estas en anchas cortinas de agua permitiendo a la gente circular con cierta seguridad junto a los muros.

La peque?a figura abandon? la seguridad del alero y cruz? sin alterar lo m?s m?nimo el gesto el denso muro de agua, emergiendo empapada al otro lado. La sonrisa en la cara no aportaba la menor alegr?a a su expresi?n y cuando apoy? el pie en el cuerpo de Cullen para hacerlo rodar no vari? en absoluto la sonrisa macabra. En un estertor el cuerpo se agit? tosiendo sangre y la menuda mujer se inclin? sobre el cuerpo, arrodill?ndose sobre las piedras resbaladizas, desliz? una mano delicada y blanca por el pecho ensangrentado del hombre y apoy? la cabeza casi amorosamente sobre su abultado estomago.

-Sshhh? no digas nada? -murmur? cuando el hombre dominado por el dolor comenz? a gemir lastimeramente. El pecho se agitaba de forma irregular y reconoci? el inicio de un llanto- No seas cobarde?

Con un gesto r?pido y brusco la mano que acariciaba el rostro del hombre aferr? su mand?bula y le agit? la cabeza con ira. Alz? la cara manchada de la sangre de su v?ctima y clav? la mirada en los desorbitados ojos ciegos de Cullen. No pod?a verla, un halo blanquecino cubr?a ya su mirada pero no importaba? su mano derecha acarici? la ceja del tembloroso y moribundo hombre solo un segundo antes de hundir profundamente los pulgares en sus ojos.

El terrible grito de dolor apenas se propag? en el entorno cargado de agua mientras la mujer tensaba los brazos sujetando la cabeza del fornido hombre que se retorc?a bajo ella, acomodada sobre su pecho con letal profesionalidad. Apret? las rodillas contra su cuerpo y arque? la espalda echando atr?s la cabeza en un gesto de ?xtasis que dur? tanto como la agon?a de su presa.

Los segundos pasaban sin que se moviese de su posici?n mientras la lluvia aguijoneaba su cuerpo, limpiando la sangre de su piel, lavando el empedrado y arrastrando las muestras de aquella agon?a hacia los potentes desag?es de la ciudad. Finalmente se incorpor? con las rodillas temblorosas y mir?ndose las manos rojas y agarrotadas por la tensi?n de sus m?sculos. Se pas? el dorso de la mano por la cara y mir? los restos de sangre en su piel como si no la reconociese. Volvi? a mirar la casa donde estaba Dorian. Tendr?a que encargarse ella misma. Se pas? la mano por el pelo empapado para apartarse el corto flequillo de la cara. Sus ropas eran casi harapos, y sus formas angulosas y andr?ginas le permit?an pasar por uno de los muchos chicos que mendigaban y robaban en la ciudad? los desheredados de la guerra. A su manera ella era tambi?n uno de ellos. Alz? la vista al plomizo cielo y dej? que el agua le hiriese el rostro, la lluvia intensa ca?a de forma dolorosa sobre su cuerpo apenas cubierto ante aquel ataque. Mientras avanzaba hacia el port?n se inclin? sin detener el paso para recoger los cuchillos clavados en Bill cuyos ojos miraban incr?dulos hacia la alcantarilla que tragaba insaciable la sangre de aquella carnicer?a. Aunque se percat? del ir?nico gesto del cad?ver no dedic? ni un pensamiento a aquella escenificaci?n casual. Estando vivos ya no eran nada.

Inclin? la cabeza a un lado cuando dej? de sentir la lluvia al estar cubierta en el alfeizar y se agit? como un animal sacudi?ndose el agua de encima. Repas? su labio superior con la lengua y degust? el sabor met?lico de la sangre. A?n deb?a tener manchas en el rostro. La sangre de sus manos no se iba ni tan siquiera con la intensa lluvia. Siempre era as? la sangre de sus manos no desaparec?a nunca. Las mir? de nuevo, alz?ndolas ante su cara, su respiraci?n se agit? de nuevo, su cuerpo se estremec?a ante aquella visi?n, le temblaban las manos, ?ser?a el fr?o? Ten?a la piel de gallina y el agua resbalaba por todo su cuerpo cuando agarr? la aldaba de la recia puerta para golpear en una llamada segura. Esper? paciente. Sin saber por qu? not? como una sonrisa afloraba a su rostro.
Las calles esconden muchos recovecos, muchos oscuros rincones donde una persona puede esconderse y observar y cuando llueve y el cielo est? oscuro como el plomo, los rincones son m?s e Issas los conoce todos. Con su sombrero de ala ancha calado hasta casi las orejas y sintiendo el peso del agua que corre por ?l para ir a caer formando hilos transparentes frente a su cara. El viejo perro callejero vigilaba la puerta del prisionero desde hac?a horas, hab?a visto a este ir y venir dos veces e incluso a una ni?a abrir las ventanas y sacudir la ropa, bajo la intensa lluvia hab?a visto llegar a los dos pipiolos que cre?an ser cazadores y no eran m?s que presas y el segu?a all?, quieto, paciente, expectante.... En alg?n momento algo pasar?a, algo cambiaria y aparecer?a su oportunidad, la experiencia y los a?os y, porque no decirlo, la necesidad, ya no era tan joven, le hab?an ense?ado que es siempre mejor esperar, esperar, escuchar y observar y en alg?n momento, si haces todo eso, llegara tu oportunidad.
Nadie lo supo pero el primero en ver llegar al desarrapado ser fue el, un instante antes la calle era un escenario gris de agua que ca?a a plomo y un segundo despu?s all? hab?a una figura, la verdad es que a Issas aquello le impresiono, aquel muchachuelo era r?pido y sigiloso, tal vez era el que alg?n d?a lo sustituir?a o incluso quien acabar?a con ?l, pero Issas no pens? eso, tan acostumbrado a ver la muerte y a sentirla cerca, hab?a dejado de tenerla presente, de temerla o incluso de anhelarla, simplemente ahogo para s? mismo un silbido de admiraci?n. En un principio pens?, como no, que era uno de los pilluelos de esos dos matones, los hab?a visto usarlos para mandar mensajes e incluso se hab?a hecho el firme prop?sito de
Publicado por FIONN @ 23:01  | ROL
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Comentarios
Muy buen capitulo y seguro que el siguiente sera aun mejor.
Publicado por Akodo1
Domingo, 13 de enero de 2008 | 23:05