"Nunca más volverás a hablar con los árboles".
Pues aquí estaba yo, el rey me había convencido para llevarle una carta al país vecino y evitar una guerra, vamos una misión de alto standing, ideal para alguien como yo. Pero en algún momento en nuestro paseo por el bosque se había creado una gran confusión mientras huíamos de una lagartija y la carta se perdió, así que cuando podríamos estar en una posada disfrutando de buena comida, música y diversión, en verdad estábamos paseando por un puto bosque, con frío, hambre y muertos del asco. Aparte de los compañeros de siempre, el enano Bugman, nuestro guía Pazair el autista, el jodido Kender Puck y ese templo al pecado que era mi mujer Morathi, venían también con nosotros dos nuevos amigos, Mirlon el ladrón guapo de pecho descubierto y sonrisa arrebatadora y que no paraba de tirarle los tejos descaradamente a mi mujer, y su hermano el ladrón feo, tonto, lleno de granos y miope cuyo nombre nadie recuerda ni quiere recordar.
Bien, la cosa es que estábamos paseando junto a un barranco ya que nuestro master era muy imaginativo y llevábamos tres días caminando al lado del puto barranco sin encontrar ningún punto por donde pasar. Así que como ya estaba un poco hasta las narices y el puto ladrón ligón me estaba poniendo de los nervios le dije a Puck:
- Puck, tú que eres animista como un hombre de la naturaleza que estás en consonancia con las plantas y los animales, por qué no hablas con alguna de las criaturas del bosque y le preguntas cómo podemos pasar al otro lado del barranco?
Puck me respondió todo risueño:
- Sí jefe- y desapareció saltando dentro del bosque con lo que yo, relajado al saber que había dejado en buenas manos la tarea de averiguar información, me senté con Pazair a hablar sobre torturas y muertes lentas para ladrones que se intentan ligar a tu mujer delante de tu cara.
Bien, la cosa es que el jugador de Puck y el master se marcharon a otra habitación, no estuvieron ni tres minutos y cuando volvieron el jugador de Puck era incapaz de controlar las risas histéricas que le asaltaban mientras que el master estaba pálido y mortalmente serio. Empecé a temerme lo peor…otra vez, había pasado lo de siempre, ya estaba Puck haciendo de las suyas.
Y cuando Puck regresó saltando por el bosque, con el corazón en un puño le pregunté:
- Querido Puck, has encontrado algún animal que te diga cómo pasar?- y él dijo:
- No jefe, pero encontré a alguien que me dio la información. Un árbol- entonces yo, llevándome la mano a la frente dije:
- Y cómo, en el nombre de todos los dioses, te va a decir un árbol cómo cruzar un barranco si él no se ha movido de ese sitio en su puta vida??- Y entonces Puck, henchido de orgullo me dijo:
- No jefe, porque este es un árbol mágico y él y sus hermanos se mueven para conseguir sangre fresca y carne de incautos y cuando les dije que estaba con un grupo de amigos al lado del barranco no sólo dijeron que me indicarían el camino sino que vienen hacia aquí para hacernos de guías- todo el grupo al unísono nos llevamos las manos a la cara mientras yo con voz cansada y al borde del suicidio decía:
- Recordadme que no vuelva a enviar a Puck a ningún sitio- y en ese momento el bosque entero se empezó a agitar mientras enormes árboles vivientes se abalanzaban sobre nosotros repitiendo la única palabra que parecían conocer en el idioma común:
- Morid!
Y pronto nos vimos envueltos en una lucha por nuestras vidas. Bugman y yo cortábamos y golpeábamos mientras que el resto se dedicaban a disparar con sus arcos y Mirlon mientras lo hacía le explicaba a mi mujer cómo se tensaban los poderosos músculos de sus brazos y su pecho. Rápidamente nos dimos cuenta de que no podíamos vencer esta batalla, sobre todo cuando el hermano feo, tonto y ridículo del ladrón recibió un manotazo de uno de los árboles y cayó por el barranco convirtiéndose en una tortilla de tres huevos contra las piedras del fondo. Entonces yo grité con mi poderosa voz varonil que infundía valor en mis aliados y terror en los enemigos:
- Corred por vuestras vidas!- pero no había a dónde escapar, la única opción era descender por el barranco y mientras me peleaba con Mirlon por tener el honor de ayudar a mi mujer a bajar por el barranco recibí un golpe y salí despedido hacia una muerte segura. Pero hace falta más que una caída por un barranco y el golpe de un árbol furioso o el aturdimiento de cinco turnos para acabar con Arislan. Y a media caída mis poderosos brazos se curvaron y tensaron agarrando de una pared y salvándome de la muerte. Y no sólo logré eso sino que estaba otra vez en mi lugar natural, delante de todos, guiando al grupo y además, al descender no sólo veía cómo descendían los demás sino que veía todo lo que había debajo de la túnica corta de mi mujer, la elfa oscura supermodelo, y que no llevaba ropa interior.
Así que, afianzado como estaba a la pared y con un nuevo apéndice extra que me ayudaba, continué mi descenso. Por desgracia no todos mis compañeros eran tan hábiles como yo y Puck, que estaba observando el mismo espectáculo que yo, de repente se soltó de la pared, seguramente embobado al ver el culo de mi mujer y acordarse de la noche que pasó con ella fingiendo ser yo. Y a pesar de todo lo que nos había hecho y a pesar de que era un estorbo completo y de no merecer más que la más terrible de las muertes y el desprecio, separé de la pared mi hercúleo brazo izquierdo y atrapé a Puck en pleno vuelo salvándole la vida.
Todavía no me había librado del baboso Puck que gritando:
- Gracias jefe, te quiero, te quiero- intentaba darme besos en la boca, cuando se produce un nuevo grito y veo caer a mi mujer que con esa habilidad que tienen las tías buenas en las partidas de rol, va perdiendo toda su ropa en el proceso y sin pensarlo más, sobre todo porque la sangre ya no me llegaba al cerebro, separé mi hercúleo brazo derecho y atrapé a mi mujer. Y en ese momento, con un enano baboso en un brazo y una diosa del sexo salvaje en el otro, los tres nos dimos cuenta de que las posibilidades de seguir descendiendo de forma controlada eran más bien esacas, más cuando mi, está mal que yo lo diga, portentoso ariete de carne cobró vida propia y empezó a separarnos de la pared. Y entonces, como uno solo, Puck y mi mujer gritaron al unísono:
- Con los dientes Arislan, con los dientes!- y yo ni corto ni perezoso lancé mi hasta entonces hermosa y perfecta dentadura contra el duro granito. Cinco minutos después Puck y mi mujer seguían descendiendo tranquilamente mientras que yo, en otros tiempos bardo de la sonrisa de oro, trataba de encontrar la mitad de mi jodida dentadura en la pared de granito. Y fue entonces cuando cayó el tercero de mis compañeros y fue a hacerlo directamente sobre mi cabeza, mi mejor amigo, Bugman el enano, con sus 140 kilos de puro músculo, su armadura completa, su hacha de batalla, su ballesta pesada y toda su mochila. Se soltó de la pared y tras una caída libre de unos 30 metros fue a aterrizar sobre mi antiguamente hermosa sonrisa y sobre mi perfecta y maravillosa cara que como podéis imaginar dejó de ser perfecta y maravillosa en ese preciso instante. Pero a pesar de todo no podía permitir que mi amigo cayera y una vez más solté mi hercúleo brazo derecho para agarrar a Bugman y evitar su muerte. Y así, sosteniendo al pesado enano, inicié un penoso descenso en el que a cada instante mis músculos amenazaban con reventar por el terrible esfuerzo. Y cuando ya por fin habíamos descendido unos 10 metros, tuve que detenerme completamente exhausto para descansar. Y en ese momento Bugman sacó su daga y apoyándola en el cinturón por el que yo le sujetaba me dijo:
- Sabes que tengo que hacerlo, es la única manera de que uno de los dos pueda sobrevivir- yo le dije:
- No Bugman, no es necesario. No lo hagas amigo, podemos llegar al final- pero Bugman, con los ojos arrasados por las lágrimas dijo:
- No Arislan, nuestros caminos se separan aquí. Ha sido un honor luchar a tu lado y aunque yo sea un enano y tú un elfo siempre te consideraré un amigo. Gracias por todo, te quiero tío- y después, lanzó su daga a cortar el correoso cuero mientras yo gritaba:
- NOOOOOOOOOOO!- Y Bugman cayó los escasos 30 centímetros que lo separaban del suelo, aterrizando sobre el pie de Puck que estaba muy entretenido viendo el espectáculo sin decir ni mú el muy cabrón.
Bugman se quedó tirado un momento en el suelo y luego dijo:
- Me cagüen todos los putos muertos de vuestras putas familias! Le he dicho a un elfo que le quiero y he llorado!- y yo, tratando de aguantar las lágrimas o la risa, no lo sé bien, le dije con la mejor de las sonrisas que podía tener en aquel momento:
- Poz qué quierez que te diga, me habéiz dejao que parezco maz un orco que un elfo, hijoz de puta!- y mientras todos se reían con este extraño cliché típico de final de episodio, Mirlon aterrizó al lado de mi hermosa mujer y le dijo:
- Tápate con mi capa. Y ahora que tu marido es un monstruo horrible y deforme tal vez necesites un hombre atractivo para calentarte por las noches- y entonces ella, agarrando dos piedras, las usó como martillo contra la nariz y la mandíbula del ladrón, así sin ensañamiento, como unas 250 veces…Y cuando terminó dejó caer la ensangrentada gravilla que tenía en las manos y dijo:
- Pues cuando encuentres uno me lo presentas- todos nos quedamos con la boca abierta mirando para mi mujer, sin atrevernos a decir nada. El único que abrió su bocaza fue Puck para decir:
- Qué mala hostia gasta la elfa oscura, pero qué buena que está- y ella agarrando al jodido Kender por los huevos y levantándolo por ahí, le dijo muy seria:
- Nunca jamás volverás a hablar con los árboles- y por primera vez en su vida vi a Puck asustado que respondía:
- Sí…sí ama, lo que tú ordenes.