"Por un puñado de truchas".
Pues estaba yo recuperándome aún del bochorno sufrido durante el baile de la reina* y pensando qué horrible tortura sería la más adecuada para Puck** cuando nos pusimos en marchal. Yo al ser mensajero de la casa real no podía permitirme el lujo de perder mucho tiempo en ninguna posada, así que decidimos que acamparíamos al raso hasta llegar a nuestro destino. Pazair y Puck mis dos fieles exploradores tanteaban el terreno mientras que yo cabalgaba junto a mi amada Morathi y a Dreein el vidente invidente (sí el hombre era ciego y veía el futuro y el pasado pero no podía ver el poste que estaba ante él, os podéis imaginar qué agobiante es tener que estar todo el día cuidando de este tipo que además era un pervertido y un asalta cunas).
La cosa es que Puck y Pazair encontraron un claro maravilloso en el bosque para descansar, el lugar tenía sombra, estaba alejado del camino, era un lugar maravilloso lleno de floceritas y de maripositas, vamos que sólo faltaba ver al Boris saltando de flor en flor...
Decidí que sería un lugar ideal para una cena romántica con mi amada Morathi así que llamé a mis fieles exploradores y fui a buscar algo de comer. Encontramos un arroyo donde cogimos unas truchas (y Pazair un resfriado), a la vuelta yo, que soy el alto elfo mas apañao de la historia, preparé las truchas al fuego mientras que Puck y Pazair se dedicaban a buscar tréboles de cuatro hojas y el vidente intentaba (no sabemos por qué) leer un libro que no estaba en braile.
El momento era ideal, el sol poniéndose, mi amada Morathi tendida en la hierba esperando mis deliciosas truchas y mi cuerpo serrano de postre, Puck despeñándose un rato por un barranco y dejándonos en paz al fin...perfecto.
Pero claro, ¿acaso podía el master dejarnos en paz por una vez? ¿Acaso estoy maldito y jamás podré consumar en condiciones mi matrimonio? ¿Es que no hay piedad en el mundo? La respuesta es NO. Justo cuando llegaba lo mejor un terrorífico rugido surgió de la colina que estaba a nuestro lado. Dos osos, imitando a dos locomotoras peludas, cargaban hacia nosotros enloquecidos por el olor de las truchas.
Rápidamente me puse en pie, Morathi tras de mi temblaba y le dije:
- Tranquila, está todo controlado, tu cariñín se encargará- después la mandé a esconderse tras un árbol, saqué mi espada y miré a mi alrededor para ver qué hacían mis fieles aliados para ayudarme, el alma se me cayó a los pies...
Pazair al ver a las dos bestias babeantes que cargaban sobre nosotros había decidido con gran celeridad y diligencia explorar los próximos veinte kilómetros de terreno y la verdad es que no creí que pudiera correr tanto. Puck, el capullo kender Puck, el inaguantable Puck, ese ese mismo, estaba recogiendo plantas, él pasaba de todo y recogía plantas en ese momento. Atónito le grité:
- Puck ¿qué diablos estás haciendo?- a lo que me respondió:
- Busco plantas curativas, para cuando acaben con usted jefe.
Aquello me desalentó un poco, pero no podía ceder, no podía retroceder ahora cuando Morathi me estaba mirando con el miedo y la lujuria reflejados en su rostro.
Nuestro vidente se dedicaba a correr por el bosque chocando contra todos los árboles, y gritando cosas como: “los árboles no me dejan ver el bosque”, “somos una bolita insignificante en el gran Pim-Ball del universo”, vamos una escena más digna de Terry Prachet que de una partida de rol “normal”.
Y en aquel caos me enfrenté a las bestias.
Mi espada fulgurante se movía como una serpiente, los osos apenas podían mover un músculo antes de que mi arma se interpusiera ante sus ojos, las criaturas poco a poco empezaron a perder su ímpetu, mi ardor guerrero los estaba asustando y las pobres bestias se dieron cuenta de que jamás podrían vencer a tan gallardo luchador, sin embargo el destino nos guardaba una sorpresa.
El vidente, el jodido vidente invidente, ese despojo élfico de canas y arrugas, decidió ser un héroe. Palpando por el suelo, seguramente buscando una ramita con la que poner fin a su miserable existencia, encontró mi arco, mi hermoso arco de madera de sauce blanco, con incrustaciones de oro y con pelo de mi amada Morathi trenzado a modo de cuerda. Podía habérselo pasado a mi mujer para que ella disparara, podía dejarlo y seguir buscando lo que fuera que buscara, pero NOOOOOOOOO, él tenía que hacerlo. Así que cogió el arco, tensó la cuerda y gritando: “el destino guíe mi flecha” disparó.
Y qué disparo, qué precisión, la flecha voló recta hacia el blanco como disparada por un dios arquero, con una habilidad sobrehumana la flecha se alojó entre las vértebras de su objetivo matándolo en el acto. No supe que fue lo que me golpeó, sólo me caí al suelo sin emitir ni un solo sonido, la flecha parecía una extraña flor en mi cuello.
Los osos, suponemos que asustados por lo delirante de la situación, huyeron asustados buscando un poco de cordura en su bosque, mientras el vidente gritaba: “los he matado ya? Los he matado ya?”.
Moraleja: si eres ciego y además idiota perdido, lo mejor que puedes hacer es tirarte por un barranco por favor.
*Yo, como bardo y heraldo real, acudía a todos los bailes y eventos sociales de la corte donde mis malditos subordinados se emborrachaban, perseguían a las mujeres y me buscaban líos en general.
**Puck era un Kender animista que junto con el guardabosques elfo Pazair formaban mi equipo de exploración y cuerpo de apoyo en batallas difíciles aunque en realidad sólo eran unos gorrones impresentables que no servían para absolutamente nada.